El crepúsculo extiende su ala ensangrentada sobre el día sin culpa. A través de recuerdos congelados, el viento sopla de luto. Los años, se escapan como trineos, consumidos por las llamas del atardecer. Miro atrás, avanzo agotado por el laberinto donde perdí la llave del tiempo. Busco el camino hacia casa en la encrucijada del Edén. Deambulando, murmullo el solfeo de la vida por los callejones del pasado. Desde el alma confusa, caen lágrimas tardías en el océano de la muerte. Tantas cosas bailan entre el amanecer y la noche... Frío polar. Avanzo en el delirio de la noche, Busco un mercadero que compre mi tristeza, por un momento de ilusión...