En el naufragio del día hacia el horizonte, vagaba una estrella por la bóveda azul... Y caminando vacilante en el laberinto de la noche, la saludo con la mano implorando una centella de luz. Avanzo lentamente, perdido entre pensamientos... Cuando la luna pasea pálidas miradas en la oscuridad, sentado junto al mar, descanso mi silencio al anochecer. Las palabras se precipitan en el alma... Con un toque reconfortante, desciende lentamente un rayo, como despertado del sueño, disipando mi sombra que duerme fatigada... Entre fragmentos de sueños, cuando el viento calla, entre rayos caídos, mi pensamiento se eleva y el corazón se abre de nuevo a la luz dibujando en el horizonte un nuevo día.